La gran pregunta que se hacen los principales analistas internacionales y los expertos de energía del mundo es hasta qué precio podría llegar el barril de petróleo si el conflicto bélico entre Estados Unidos e Israel contra Irán que involucra a 10 países productores de petróleo y gas se extiende y si habrá un nuevo shock petrolero similar a los dos que ocurrieron desde 1973.
Ambos generaron fuertes aumentos en el valor del barril de petróleo, un aumento de la inflación, de las tasas de interés y fuertes recesiones en algunos países.
En la apertura de los mercados de hoy el precio del barril de petróleo volvió a superar los u$s100. En este aspecto hay que señalar que el precio más bajo del barril de petróleo de los últimos años se registró el 20 de abril de 2020 durante la pandemia cuando llegó a unos u$s12 y el más alto fue el del 8 de julio de 2008 en medio del estallido de la crisis hipotecaria en los Estados Unidos cuando llegó a los u$s148 el barril.
Según el economista Juan Carlos de Pablo, el conflicto armado entre Israel, Estados Unidos e Irán, con ramificación en varios países productores de petróleo y gas, genera una gran cantidad de preguntas que por ahora no tienen respuesta.
«La historia nunca se repite calcada; si lo hiciera, las computadoras y la inteligencia artificial reemplazarían el razonamiento humano. A modo de guía cabe preguntar ¿qué ocurrió en el pasado cuando eventos militares y políticos generaron enorme turbulencia en el mercado del petróleo?» dice De Pablo.
El primer shock petrolero de 1973 y sus consecuencias devastadoras
De Pablo explica que el primer shock petrolero es un subproducto de la guerra del Yom Kippur, por el conflicto armado desarrollado entre el 6 y el 25 de octubre de 1973.
Esa guerra entre árabes e israelíes de 1973 fue un conflicto bélico librado por la coalición de países árabes encabezada por Egipto y Siria contra Israel desde el 6 al 25 de octubre de 1973.
Con la excepción de ataques aislados en territorio israelí el 6 y 9 de octubre, las acciones militares de combate durante la guerra tuvieron lugar en territorio árabe, sobre todo en el Sinaí y los Altos del Golán. Egipto y Siria querían recuperar el Sinaí y los Altos del Golán, respectivamente. El presidente egipcio Anwar el Sadat deseaba también reabrir el canal de Suez.
Las fuerzas que generaron el primer shock petrolero comenzaron a desarrollarse durante la década de 1960, porque entre dicho año y 1973 la demanda de petróleo mundial aumentó 8% por año y en 1973 las principales economías del mundo crecían. Pero el shock fue precipitado por la referida guerra cuando el 20 de octubre del 73 Arabia Saudita declaró un embargo total sobre las exportaciones petroleras con destino a Estados Unidos.
Luego más tarde, los integrantes de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) extendieron el embargo a Holanda, el gobierno europeo que expresaba mayor apoyo hacia EE.UU. El embargo fue simbólico porque la reducción de la extracción fue lo que realmente transformó al mercado, acelerando el desequilibrio entre oferta y demanda, y demostrando el extraordinario poder de los países petroleros. La OPEP se había constituido en Bagdad el 10 de septiembre de 1960 por representantes de Arabia Saudita, Irak, Irán, Kuwait y Venezuela.
«La novedad de 1973 consistió en que el mercado petrolero dejó de ser un oligopsonio, para comenzar a ser un oligopolio y en ese entonces la OPEP estaba encabezada por el sheik Ahmed Zaki Yamani, de Arabia Saudita» explica De Pablo.
En octubre del 73 los países integrantes de la OPEP acordaron reducir la extracción 5% por mes. Dependiendo del tipo de crudo y a fines de 1973 el precio del petróleo aumentó entre 280% y 339%.
Pero en noviembre del 73 la OPEP calificó a los países importadores en más favorecidos, neutrales y los sujetos a un embargo. Luego en diciembre los reclasificaron en países más favorecidos, amistosos, neutrales y hostiles.
Lo interesante del caso es que en enero de 1974 el FMI puso en funcionamiento la llamada «Facilidad petrolera», para que los países importadores de petróleo pudieran conseguir recursos, principalmente de los países petroleros, para pagar el mayor precio del producto.
Antes de la guerra en julio de 1973 el precio del barril era de alrededor de u$s3 dólares, en octubre llegó a u$s5 y en diciembre superó los u$s11,50 por barril. Este aumento en el precio del petróleo tuvo consecuencias económicas significativas en todo el mundo, incluyendo inflación, recesión y cambios en la política energética global.
El impacto que tuvo el primer shock petróleo sobre la economía del Grupo de los 7 fue muy fuerte ya que el PBI conjunto de Estados Unidos, Alemania, Japón, Inglaterra, Francia, Canadá e Italia, que durante el quinquenio 1968-1972 había crecido 4,6% por año, se estancó por completo entre 1974 y 1975. En tanto que la tasa de inflación del G7, medida por precios al consumidor, pasó de 4,8% anual durante el quinquenio 1968-1972, a 13% en 1974 y a 11,5% en 1975; en tanto que medida por precios mayoristas trepó de 3,6% anual durante el quinquenio 1968-1972, a 12,3% en 1973 y a 22,2% en 1974 (en 1974 el nivel general de los precios mayoristas aumentó 13,4% en Alemania, 18,8% en Estados Unidos, 23,4% en Gran Bretaña, 31,4% en Japón y 40,7% en Italia).
El segundo shock de 1979 y cómo afectó a la Argentina
En tanto que el «Segundo Shock Petrolero» tuvo dos fases. La primera en 1979, como consecuencia de la caída del Sha de Irán, y la segunda en 1980, a raíz de la guerra entre Irán e Irak.
El precio del barril de petróleo pasó de u$s14,50 a u$s40 desde mediados de 1978 hasta fines de 1981 registrando una suba del 180%.
Esto se debió a la revolución iraní y la guerra Irán-Irak, que afectaron la producción y el suministro de petróleo en la región. En ese momento, el precio del petróleo aumentó significativamente, lo que tuvo un impacto en la economía global, incluyendo la inflación y la recesión en algunos países.
El aumento del precio del petróleo fue menor que en el primer shock y fue más espaciado en el tiempo que durante el primer shock, lo cual favoreció su absorción.
Lo que hay que destacar es que si bien en el primer shock no tuvo impacto en el plano financiero y cambiario, el segundo shock petróleo tuvo consecuencias negativas para la Argentina.
A la operación crediticia basada en los mayores ingresos de los países exportadores de petróleo se la denominó el «reciclaje de los petrodólares» y la Argentina se benefició del referido reciclaje, endeudándose a baja tasa de interés y plazos largos con una dictadura militar que aprovechó para endeudar a las empresas del estado en particular a YPF en unos u$s5.000 M con bancos comerciales a través de préstamos sindicados.
En ese entonces la Argentina era bien vista para recibir préstamos porque el gobierno militar había puesto en funcionamiento la apertura económica del ministro de Economía José Alfredo Martínez de Hoz que generaba mucha confianza y además la Argentina tenía superávit comercial y baja relación deuda pública/PBI, porque al gobierno anterior presidido por María Estela Martínez de Perón nadie le prestaba.
Pero con el paso del tiempo, la bendición se convirtió en maldición y la política monetarista implementada por el presidente de la FED Paul Volcker, a partir de 1979, más el hecho de que a mediados de agosto de 1982 México anunció el default de su deuda externa esto tuvo un impacto inmediato y dramático. En la Argentina la crisis de la deuda demoró una década en ser solucionada.
Por último, hay que destacar que en 1986 se produjo un antishock petrolero cuando la economía mundial se recuperó en 1983, y quedó en claro que se habían modificado algunas cosas luego del segundo shock petrolero.
La importancia del petróleo disminuyó dentro de la demanda total de energía, particularmente en las industrias del acero y el cemento; la participación de la OPEP dentro de la oferta mundial de petróleo cayó, al pasar de 48% en 1979 a 28% en 1985; e ingresaron a la industria una gran cantidad de oferentes nuevos. El antishock petróleo comenzó en enero de 1986, cuando el precio cayó súbitamente de u$s25 el barril a u$s10.
Qué advierte The Economist sobre el futuro del precio de la energía
En relación a lo que pueda pasar en el futuro con el precio de la energía tanto petróleo como gas en su último número el semanario The Economist destaca que: «tras descubrir los costos de los aranceles, el presidente Donald Trump ahora ha descubierto los costos de la guerra».
Al respecto señala que el 9 de marzo Trump declaró que su campaña contra Irán terminaría «muy pronto», lo que provocó que los precios del petróleo, que habían alcanzado un máximo de casi u$s120 por barril el día anterior, se desplomaran hasta casi u$s80 (antes de la guerra estaban a u$s70).
La nota describe que: «el cierre de facto del estrecho de Ormuz por parte de Irán ha bloqueado aproximadamente el 15% del suministro mundial de petróleo y gas y Trump, que se enfrenta a las elecciones de mitad de mandato y a unos votantes cansados de la inflación, está dando señales de que no puede soportar esos costos, al igual que se retiró de su guerra comercial después de que los mercados se desplomaran la primavera pasada».
Sin embargo, describe The Economist Trump es tan caótico en cuestiones de guerra y paz como lo es en política económica. La confusión delata la falta de buenas opciones del presidente. «Si bien la desescalada de la guerra comercial está más o menos en sus manos, no puede restaurar el antiguo mercado energético. Pase lo que pase, el mundo está entrando en una nueva era de inseguridad energética».
La nota advierte que: «el impacto que ha desencadenado la guerra podría ser enorme. Es cierto que el mundo depende menos del petróleo que en 1973, cuando el embargo árabe provocó que los precios del crudo se cuadruplicaran, o que en 1979-1980, cuando la revolución iraní y la guerra entre Irán e Irak afectaron al suministro. Entonces, todavía era habitual quemar petróleo para producir electricidad. Hoy en día se utiliza menos, principalmente para impulsar el transporte y fabricar productos petroquímicos».
Pero esta evolución tiene dos caras. Una es que la demanda actual de petróleo es muy resistente, por lo que los precios tienen que subir más ante una interrupción determinada del suministro. Y la otra cara es que la pérdida de suministro es mayor que en cualquiera de las crisis de los años 70.
La nota describe que: en los peores momentos de esta crisis bélica los analistas y operadores financieros todavía no han llegado a valorar un cierre indefinido del estrecho de Ormuz. En ese escenario el precio del petróleo necesario para equilibrar la demanda y la oferta podría superar los u$s150 por barril.
La carta a favor que tienen los países demandantes de petróleo y gas es que los miembros de la Agencia Internacional de la Energía pueden recurrir a unos 1.800 millones de barriles de reservas de emergencia y ya están liberando 400 millones.
Pero el acceso suele verse limitado por los oleoductos u otras restricciones. «El hecho de que el transporte sea un factor clave para gran parte de la economía mundial significa que los cuellos de botella podrían causar graves daños y la crisis no se limita al petróleo. La principal instalación de exportación de gas natural licuado (GNL) de Qatar sigue cerrada tras un ataque con drones, lo que ha retirado del mercado casi una quinta parte del suministro mundial. También se ha pospuesto la ampliación de su producción. En Europa, donde los tanques de almacenamiento de gas están inusualmente vacíos para esta época del año, los precios han subido más de la mitad. Incluso cuando termine la guerra, el mundo habrá cambiado» específica la nota de The Economist.
El nuevo escenario para inversores, empresas y gobiernos
Los precios de la energía son el punto débil de Estados Unidos. Esa es la nueva realidad en la que ahora deben operar los inversores, las empresas y los responsables políticos. Para los inversores, el contraste entre un mundo cada vez más volátil y unos mercados bursátiles boyantes se ha vuelto aún más marcado. El caos en Oriente Medio se suma a una larga lista de amenazas para los mercados, entre las que se incluyen escenarios sombríos relacionados con la inteligencia artificial, problemas en el crédito privado y la pérdida de confianza en los gobiernos endeudados.
Los rendimientos de los bonos del Estado han aumentado desde que comenzó la crisis, especialmente en el sur de Europa y Gran Bretaña, que depende del GNL importado.
Las empresas se enfrentan a una nueva prima de riesgo. Al igual que tras la pandemia y el inicio de la guerra de Ucrania, deben volver a examinar minuciosamente los riesgos de su cadena de suministro, incluida su exposición a las economías del Golfo, cuya reputación de estabilidad se ha visto sacudida.
Esto llevaría a que los altos precios de la energía deberían inducir a un mayor suministro fuera de Oriente Medio y hasta que eso ocurra, países como Estados Unidos pueden tener dificultades para resistir la tentación del proteccionismo energético. Cuando los productores y refinadores de petróleo, incluidos China y la India, comienzan a restringir las exportaciones en un intento de proteger a sus consumidores de los altos precios, el daño a otros países puede ser grave.
«Es difícil predecir cómo terminará esta crisis. Pero incluso si los países aplican las políticas adecuadas, ya está claro que la guerra ha hecho que la economía mundial sea menos próspera, más volátil y más difícil de gobernar» finaliza la nota de The Economist.
Cómo se prepara la Argentina ante la crisis energética global
Por lo que pudo saber iProfesional, el equipo económico argentino se prepara para enfrentar la crisis.
En el cierre del Argentina Week en Nueva York el CEO de YPF, Horacio Marín, dio definiciones contundentes sobre el futuro de la energía en nuestro país y destacó que a diferencia de las crisis petroleras de los 70 la Argentina es exportador neto de petróleo por unos u$s8.500 M.
Marín fue el protagonista de una jornada organizada por IDEA donde presentó la hoja de ruta para transformar a la Argentina en un hub exportador de clase mundial.
Ante un auditorio de más de 800 personas, Marín detalló cómo la combinación de recursos no convencionales, infraestructura estratégica y un marco normativo favorable permitirán un salto exportador sin precedentes.
Durante el panel, que contó con la participación de los gobernadores de Neuquén, Río Negro, Chubut, Mendoza y Corrientes, el directivo subrayó que la unidad política y la decisión empresaria son los motores para que el país logre su «despegue definitivo». Para Marín, el objetivo es claro: convertir a Vaca Muerta en el corazón de un sistema capaz de generar entre u$s40.000 M y u$s50.000 M anuales en exportaciones para el año 2032.
Trump reclama ayuda internacional y amenaza con bombardeos
Mientras el régimen iraní se muestra desafiante, el presidente Donald Trump reclamó ayer a otros países que ayuden a garantizar el tráfico en el estrecho de Ormuz, el vital cruce petrolero internacional, que está virtualmente clausurado por Irán y es uno de los focos centrales de la guerra en curso.
«Esperemos que China, Francia, Japón, Corea del Sur, el Reino Unido y otros que se ven afectados por esta restricción artificial envíen buques a la zona para que el estrecho de Ormuz deje de ser una amenaza de una nación totalmente descabezada», dijo Trump en su red Truth Social y aseguró que las fuerzas estadounidenses destruyeron «el 100% de la capacidad militar de Irán», pero advirtió de la necesidad de ayuda internacional porque a Irán «le resulta fácil enviar uno o dos drones, lanzar una mina o disparar un misil de corto alcance en algún punto de este estrecho, por muy derrotados que estén».
Trump agregó además que: «mientras tanto, Estados Unidos bombardeará sin cesar la costa y hundirá continuamente barcos iraníes y de una forma u otra, pronto lograremos que el estrecho de Ormuz esté abierto, seguro y libre», concluyó.
Trump además amenazó con atacar la infraestructura petrolera de Irán en la isla de Kharg, si sus autoridades interfieren con los barcos que intentan pasar por Ormuz.
Por su lado la milicia Kataib Hezbollah, aliada de Irán, dijo que atacó la embajada de EE.UU. en Bagdad y el cuartel general de la milicia iraní fue atacado en la costa de Irán, anteayer, en uno de los bombardeos más poderosos en la historia de Medio Oriente.
Irán respondió desafiante a las nuevas amenazas contra la estratégica isla petrolera y dijo que la emprenderá contra las instalaciones de empresas estadounidenses en Medio Oriente si su infraestructura energética es atacada.
«Irán responderá a cualquier ataque contra su infraestructura y si es necesario llevaremos el precio internacional del petróleo a los u$s200 el barril» advirtió ayer el canciller iraní, Abbas Araghchi, en un mensaje en la red social X tras los ataques contra emplazamientos militares de Irán.
