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Asamblea Legislativa 2026: cómo recibieron la oposición y los aliados el discurso de Javier Milei

El objetivo del discurso de Javier Milei fue claro: polarizar, violencia mediante, con el peronismo. Las intenciones quedaron claro cuando, a los pocos minutos de iniciar su discurso, y mientras la militancia gritaba “Presidente”, el jefe de Estado se dirigió a los legisladores de Unión por la Patria y les dijo: “Ustedes también podrían gritar, porque soy presidente de ustedes, aunque no les guste”.

Al mejor estilo tuitero –o panelista de TV– Milei los tildó de “manga de ladrones”; “Delincuentes” y hasta arremetió contra la presidenta del partido, Cristina Kirchner, cuando afirmó: “Manga de ladrones, manga de chorros, por eso tienen a su líder presa. Y va a seguir presa por la causa de los cuadernos, va a seguir presa por el memorándum de Irán, va a seguir presa por lo que hizo con Vialidad, porque es una chorra, porque fueron los más chorros de la historia”.

De fondo, la militancia, coreó “tobillera”. El tono de Milei contrastó, y mucho, con la actitud del peronismo. Para empezar, no había ningún senador del bloque Popular, que conduce José Mayans. La decisión –según pudo saber Ámbito– fue evitar que el mandatario los “maltratara”, tal cual hizo. En tanto, de los diputados conducidos por Germán Martínez estaban casi todos. Hubo algunas ausencias significativas, como la de Máximo Kirchner.

Como fuere, la estrategia de los diputados de ese espacio fue distinta a la del año pasado. En lugar de volver a pegar el faltazo, optaron por ir. Y escuchar, hasta el final, el discurso del mandatario. Prácticamente no hubo provocaciones, sino contestaciones. Salvo Juan Grabois, que agarró un cuaderno y un marcador, y se puso a hacer algunos cartelitos que difícilmente –por no decir imposible– Milei haya alcanzado a leer. El dirigente social se ubicó en la última fila del recinto.

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Juan Grabois hizo carteles en medio de la Asamblea Legislativa.

Mariano Fuchila

¿Qué decían esos carteles improvisados? “$Líbranos del mal”, “Cumplí con la ley de Universidades”, “¿Dónde está Espert?”. No mucho más. Su par, Juan Marino, portó apenas dos carteles un tanto menos improvisados. : uno que rezaba “Milei = desempleo”; “Milei = guerra”. Nada más.

Así, a lo largo del discurso que incluyó anuncios, repaso de la gestión, elogios a los propios, se fueron colando las agresiones. La Izquierda no salió indemne. Myriam Bregman fue “apodada” como “Chilindrina troska” y su par, Nicolás del Caño, debió escuchar a Milei decirle: “Si vos fueras la representación de los trabajadores, sabés que tendríamos un problema muy grave, porque ustedes no son más que el 5%”.

El asunto es que los televidentes, por decisión del oficialismo que estuvo a cargo de la transmisión por cadena nacional, jamás pudieron ver las reacciones de los legisladores. Nunca fueron enfocados por las cámaras.

La incomodidad de los aliados

La puesta generó incomodidad incluso entre los principales aliados del Gobierno, que mostraron tibios acompañamientos. Por caso, el jefe de la bancada del PRO, Cristian Ritondo, apenas aplaudió –desganado– en algún tramo. Lo mismo ocurrió con los gobernadores que dijeron “presente” y con el ala radical más cercana a La Libertad Avanza. Se limitaron a aplaudir en muy pocos tramos; en general, aquellos vinculados a los logros macroeconómicos.

En diálogo con Ámbito, Ritondo destacó que fue “un discurso 100% fiel a su estilo, de frente y sin filtro. Hizo un balance claro de estos primeros dos años de gestión, poniendo los datos concretos sobre la mesa”. Además, el bonaerense destacó que “si bien no hizo anuncios de proyectos de ley específicos, quedó claro que la hoja de ruta estará enfocada en avanzar con la desregulación, la apertura al mundo para ser competitivos y foco en materia de seguridad, tanto interna como frente a las amenazas globales”.

Más allá de las declaraciones de Ritondo, lo cierto es que en las filas amarillas admiten que el espectáculo que montó Milei nada tiene que ver con “las formas del PRO”, y agregaron: “Eso lógicamente dejó en una posición extraña a todos los diputados del bloque”.

“Compartís el contenido pero no te vas a poner a cantar saquen al pingüino del cajón”, sintetizó esa misma fuente del PRO.

“Entiendo que el presidente haya reaccionado frente a las provocaciones de los bloques afines al kirchnerismo”, observó la radical Pamela Verasay, que responde al gobernador Alfredo Cornejo. La mendocina planteó que “el peronismo se niega al lugar de oposición y toma el lugar de provocación. Lo hace en las calles y lo hace acá en la Asamblea Legislativa. Nunca nadie le faltó tanto el respeto a las instituciones ni a un presidente”.

El análisis fue particular, sobre todo porque el tono que le imprimió Milei a la jornada fue una imitación al de Cristina Kirchner, cuando los palcos estaban repletos de La Cámpora. La propia senadora Patricia Bullrich se ufanó de ello en un tuit en el que usó la foto de una bandera que esa agrupación política desplegó en una de las Asambleas encabezadas por la expresidenta, y le cambió la cara de Néstor Kirchner por la de Milei.

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Pero además, las palabras de Verasay van a contramano del pedido que el propio Martín Menem le hizo a todos los jefes de bloque días antes de la Asamblea. Según pudo saber Ámbito, el riojano les pidió que “sean pacíficos”. Y les prometió que el Presidente iba a estar enfocado en la gestión, y que su discurso sería “sin insultos ni golpes bajos”. Pasó todo lo contrario.

Es más, en un tramo del discurso se lo ve a Martínez acercándose al estrado para recriminarle a Menem que el tono de la jornada estaba muy lejos de lo anticipado.

Ahora bien, más allá de la incomodidad (no tanto por el contenido sino por las formas del discurso) que se vio en el rostro del grueso de los legisladores del PRO y la UCR cercana a Milei, el resto de los legisladores que no fueron agredidos por Milei pero que tampoco son sus aliados incondicionales optaron por escuchar sentados, desde sus bancas. Evitaron cualquier comunicación no verbal.

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Martínez le recriminó a Menem el tono del discurso de Milei.

Mariano Fuchila

Aunque hubo excepciones. Las senadoras Alejandra Vigo (Córdoba) y Julieta Corroza (Neuquén). Ambas se pararon de sus bancas y abandonaron el recinto. “Fui una de las senadoras que se retiró del recinto porque me sentí agraviada, como mujer y como Senadora de la Nación, por la virulencia de la actitud del Presidente. Acompañamos institucionalmente, estando presentes en el Congreso para escuchar su discurso con respeto. Pero esto fue intolerable”, justificó la cordobesa. Su marido, el exgobernador y diputado, Juan Schiaretti, se limitó a decir: “Vine a cumplir con la responsabilidad institucional”.

“Apertura de sesiones muy ordinaria”, sentenció el presidente de la Coalición Cívica, Maximiliano Ferraro. Su compañera de bloque, Mónica Frade, optó por pegar el faltazo. En su cuenta de Twitter, Ferraro fue más allá y señaló: “Más que una apertura institucional, hablando de Roma, montó su propio circo romano. Espectáculo, gritos y brutalidad comunicativa. A lo Calígula. Hizo del Congreso un ring para la vulgaridad y la incivilidad”.

El radical de Provincias Unidas, Pablo Juliano, también se despachó por Twitter. “Una vergüenza y una falta de respeto a todos los argentinos”, escribió el bonaerense. Y se preguntó: “¿Tan mal le va en las encuestas reales al Presidente que vino al Congreso a hacer un chiquero con el pasado?”

“Solo se enfocó a los obsecuentes, ver al Presidente perdido de bronca en el pasado, agitando consignas populistas fue lo único que nos dejó su discurso”, continuó Juliano, para luego rematar: “Un mensaje que quedó tapado por la grosería y la violencia verbal. Un verdadero desastre, ganar para volver al pasado”.

Así las cosas, el objetivo que tiene la Asamblea Legislativa del 1° de marzo, que es que el presidente haga un balance de su gestión y enumere los proyectos que enviará al Congreso en el nuevo período de sesiones ordinarias quedó en un segundo plano.

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