Un informe de Oxfam exhibe datos que prueban el desequilibrio entre los más ricos y el resto de la población.
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Según la ONG, un trabajador con salario mínimo necesitaría 102 años para alcanzar lo que un mil-millonario gana en un día.
Una publicación de Oxfam revela que «mientras la riqueza de los multimillonarios creció en promedio un poco más de u$s491.000 al día, en Latinoamérica y el Caribe (LAC), un trabajador con salario mínimo necesitaría 102 años para alcanzar esa misma fortuna».
«El 65% del patrimonio de los mil-millonarios en América Latina y el Caribe (LAC) está en sectores estratégicos como finanzas, telecomunicaciones, medios de comunicación y energía«, afirma el estudio, titulado «Contra el imperio de los más ricos. Defendiendo la democracia frente al poder de los mil-millonarios».
La ONG muestra que, desde 2020, la riqueza combinada de estos mil-millonarios ha crecido un 81%, mientras casi la mitad de la población mundial vive en situación de pobreza, con menos de u$s8,3 al día, y un 28% se encuentra en situación de inseguridad alimentaria.
En esa línea, son 109 los multimillonarios registrados en estas regiones, lo que marca un récord. Asimismo, cuentan con una riqueza conjunta de casi u$s622 millones, casi equivalente al PBI combinado de Chile y Perú, que desde el año 2000, aumentó en un sorprendente 443%. De hecho, creció un 39%, 16 veces más rápido que la economía regional, dice Oxfam.
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La desigualdad económica y su riesgo político
Según Gloria García-Parra, directora regional de Oxfam en América Latina y el Caribe, este desequilibrio «perpetúa élites que compran influencia política y reproducen la desigualdad por generaciones, condicionando decisiones de políticas públicas y limitando los recursos».
Actualmente, el 53,8% de los superricos de la región heredaron total o parcialmente su fortuna, muy por encima del 37,3% mundial. Además, solo cinco países de la región aplican impuestos al patrimonio neto y apenas nueve gravan herencias o donaciones.
En esa línea, Verónica Paz Araujo, directora de programas para Oxfam, sugiere que «no estamos frente a un modelo de mérito, sino a dinastías económicas que se reproducen generación tras generación. Esto bloquea la movilidad social y consolida élites que compran influencia política».
El estudio indica que «los mil-millonarios tienen 4.000 veces más probabilidades de ocupar un cargo político que un ciudadano común».
Según Paz Araujo, «las gestiones políticas recientes en países poderosos refuerzan esta tendencia porque priorizan la desregulación, reducen impuestos a los más ricos y blindan sectores estratégicos como finanzas, telecomunicaciones y energía».
«La captura del Estado por élites económicas es evidente: en los últimos 25 años, al menos 16 presidentes en 11 países de la región latinoamericana y Caribe accedieron al poder con alguna trayectoria o vínculo empresarial/corporativo —como accionistas, propietarios o directivos—. Esto convierte la democracia en un espacio de privilegio, no de representación», revela el estudio.
