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Felipão, el único rey de América y del mundo

Hay historias que solo ocurren una vez: esta es una de ellas. Empezó hace exactamente 30 años y su protagonista, Luiz Felipe Scolari, tenía 46 años. El único entrenador de la historia del fútbol que logró conquistar la Copa del Mundo y la Copa Libertadores enfrentaba por esos días la final más importante de su carrera como técnico. Pero todo había comenzado un poco antes.

El 21 de febrero de aquel año, 1995, el hombre más conocido como Felipão hizo su debut en la Copa Libertadores: en el estreno por fase de grupos de su Gremio en aquella edición, quien sería uno de los técnicos más importantes de Brasil pisó por primera vez un estadio en el marco del torneo de clubes más importante a nivel continental, ese al que como jugador no había podido llegar.

La historia que comenzó a construirse ese día tuvo un comienzo bien difícil: el primer rival fue ni más ni menos que Palmeiras, que era entonces el campeón brasileño y un equipo lleno de estrellas. Gremio, además, debió jugar casi todo el segundo tiempo con un hombre menos, luego de que fuera expulsado su defensor Adilson, pero incluso en ese contexto los conducidos por Felipão mostraron algo de la personalidad que forjarían como grupo y se enfrentaron a sus oponentes en igualdad de condiciones. El equipo de Porto Alegre terminó perdiendo 3 a 2, pero para tomar dimensión del rival al que enfrentó con 10 jugadores casi todo el segundo tiempo vale destacar que dos de los goles que recibió los marcaron el lateral Roberto Carlos y el indescifrable Rivaldo, dos jugadores que fueron de los mejores en la historia del fútbol. En el partido de vuelta, el Verdão no pudo ganarle: empataron 0-0. Y Gremio cerró aquella primera fase clasificando segundo en su grupo, que también integraban los ecuatorianos Emelec y El Nacional.

Luego de vencer a Olimpia en el Defensores del Chaco por 3-0 en el inicio de los octavos de final y empezar a sellar su clasificación a la siguiente instancia, llegó el duelo de cuartos, que iba a ser una fiesta brasileña de fútbol. Otra vez Palmeiras en su camino y otra vez un gol definiéndolo todo. Gremio aplastó al campeón brasileño en Porto Alegre por 5-0, pero en la vuelta en San Pablo el Verdão le pagaría con la misma moneda, con la única diferencia de que el gol de Jardel que había abierto el partido de vuelta para los visitantes sería la llave de aquel 5-1 para meter al equipo de Scolari en las semifinales de la Libertadores. Tras superar a Emelec, llegó a la final ante Atlético Nacional: el equipo de Felipão ganó en la ida 3-1, en el viejo estadio Olímpico de Porto Alegre, y empató 1-1 en Medellín, un 30 de agosto de hace 30 años, para darle a Gremio su segundo título de Libertadores y a su debutante entrenador en el certamen continental, su primera consagración como campeón de América.

La gloria de la Libertadores sería una sensación que Scolari volvería a perseguir una y otra vez a lo largo de su laureada trayectoria de 42 años como entrenador. Tan solo cuatro años después del logro con Gremio, el técnico nacido en 1948 en Passo Fundo, Río Grande do Sul, repetiría la hazaña. Esta vez lo haría con Palmeiras, el equipo al que le había cerrado las puertas del título en 1995 y que ahora buscaba a su verdugo para consagrarse. La nueva aventura, que tuvo en su arquero Marcos a una figura fundamental y volvió a ver brillar a Paulo Nunes -uno de sus campeones con Gremio en el ‘95-, superó en el camino eliminatorio a un Vasco da Gama que era el último campeón de América y a un River que lucía nombres de la talla de Sorín, Gallardo, Saviola o Ángel. Ya en la final, otra vez un equipo colombiano arremetía entre Scolari y la conquista de América: luego de perder en su visita a Deportivo Cali por 1-0, el Verdão lo dio vuelta en el antiguo estadio Palestra Italia y llevó la definición a los penales. Palmeiras, que había sido el primer club brasileño en competir en la Libertadores y que había perdido las finales de 1961 ante Peñarol y de 1968 ante el Estudiantes de Zubeldía, se impuso por 4-3 en la tanda desde los doce pasos y se coronó por primera vez campeón de América.

La otra mitad de esta historia se completa en 2002. Brasil había dejado en manos de Felipão la clasificación al Mundial de Corea y Japón: el entrenador, que se estrenaba al mando de su Selección, consiguió en la última fecha (3-0 sobre Venezuela) el sufrido y ansiado pasaje para la primera cita mundialista en tierras asiáticas. La Canarinha cerraba una de sus peores actuaciones en las Eliminatorias Sudamericanas. Aquellos primeros seis partidos del ciclo Scolari fueron tres triunfos y tres derrotas, una de ellas ante la Argentina de Marcelo Bielsa, que lo venció 2-1 en el Monumental con un par de perlitas: dos tantos en contra y un gol histórico de Marcelo Gallardo, el último del actual conductor de River con la Selección Argentina. Como si fuera poco, el DT brasileño enfrentó enseguida su primera gran decisión en el combinado nacional: dejar afuera de la convocatoria a Romario, por quien pedían todos en su país, y sumar a la lista para la Copa del Mundo a Ronaldo, quien venía de una lesión grave en su rodilla derecha y apenas había pateado una pelota en un año y medio. “Cuando empezó el Mundial de 2002, Felipão era el hombre más odiado de Brasil”, recordó alguna vez su mano derecha, Antonio Lopes.

«El fenómeno» y el tiempo le darían la razón a Scolari. Indiscutible en el once brasileño de principio a fin del Mundial y máximo goleador del torneo, Ronaldo marcó ocho tantos fundamentales -incluido el doblete de la victoria en la final sobre la Alemania de Oliver Kahn- para darle a la Verdeamarela el histórico pentacampeonato.

Aquel 30 de junio de 2002, cuando Felipão se alzaba con la gloria máxima del deporte, se convirtió en el único entrenador en la historia en haber conquistado la Copa del Mundo y la Libertadores. Esquivas y difíciles, Scolari no volvería a levantarlas. La cita más importante del fútbol le traería, en cambio, el peor día profesional de su vida: el histórico 7 a 1 que le propinó Alemania en 2014, durante la semifinal en el estadio Mineirão, quizás el golpe más duro al orgullo futbolero del pueblo brasileño junto al “Maracanazo” de 1950. El torneo más importante de clubes en suelo americano, por su parte, lo recibiría cuatro veces más, destacándose la edición 2022, cuando tomó las riendas del Athletico Paranaense para salir de los últimos puestos del Brasileirão y lo llevó hasta la final de la Libertadores. La última vez llegaría un año después, tras quedar eliminado en octavos de final con Atlético Mineiro en una llave que lo despidió del certamen con un notable registro: Felipao dirigió en 9 ediciones de la Copa Libertadores (86 partidos con 47 triunfos, 20 empates y 19 derrotas) y ostenta el récord histórico de ser el brasileño que más finales condujo (fueron cuatro en total, la del 2000 perdida ante el Boca de Carlos Bianchi).

Este año, Scolari volvió al lugar donde esta historia comenzó: desde abril, trabaja como coordinador técnico del Gremio. Mientras despliega allí todo lo aprendido en su vasta experiencia, sigue erigiéndose en la Historia como el único entrenador que se consagró campeón mundial a nivel selecciones y de América a nivel clubes. Y pese al último amargo recuerdo, también sobrevive en la memoria de todo el pueblo brasileño; aunque ya pasaron 24 años de aquel día, fue quien se rebeló ante ellos y ellas para regalarles su último día más feliz del fútbol, el día que Brasil ganó su última Copa del Mundo.

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