La alternativa de importar carne desde Brasil para ‘abaratar’ precios en la región patagónica es, por ahora, una medida en estudio, a decir de medios de Buenos Aires con acceso a grandes cámaras industriales y pasillos gubernamentales. Sin embargo, el tema pone en debate a los supermercados de la zona como formadores e infladores de precios.
En caso de que se habilite la importación de carne brasileña, sería especialmente para venderla en las provincias como Chubut, Santa Cruz, Neuquén, Río Negro y Tierra del Fuego, donde los precios de 20.000 pesos por kilo, como el asado, o incluso por encima de ese valor, en otros cortes como el lomo o colita de cuadril, son una realidad que no sorprende desde mediados de febrero.
No tendría lógica que esa carne se importe para vender en Buenos Aires o Córdoba, donde el asado de primera calidad se consigue a 10.000 o 12.000 pesos.
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Infobae
Aunque el costo del transporte desde los centros de distribución y otras complejidades logísticas pueden explicar parte de la diferencia de precios en la Patagonia, donde también hay una incidencia salarial más elevada, es difícil entender el modo en que la diferencia puede llegar al 100%.
Curiosamente, quienes forman precios en la región, como las grandes cadenas de supermercados, son quienes presentan los mayores valores en cortes de carne, pese a que en su gran mayoría son originados en la pampa húmeda, con costos de producción mucho más bajos que los de la Patagonia.
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Esas grandes diferencias pueden observarse en valores que superan largamente incluso a algunas carnicerías de barrio o distribuidoras que movilizan grandes volúmenes, donde todavía pueden encontrarse cortes parrilleros por debajo de los 15.000 pesos por kilo.
EL COSTO DE OPORTUNIDAD Y LA TASA DE GANANCIA NO RESIGNADA
En todo caso, hay una realidad en el mercado y es que, si los precios están en un determinado valor, es porque hay consumidores, al menos una parte (y con tendencia a achicarse), dispuestos a pagarla. Es lo que se denomina ‘costo de oportunidad’. No es difícil de entender: si la demanda sigue respondiendo, el precio tenderá a no bajar.
Esto se verifica en la secuencia contraria, como se observó en algunos períodos del año pasado, cuando la mayoría de los compradores no convalidaba los aumentos, retrayendo la demanda y haciendo bajar, al menos parcialmente, algunos precios.
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Es cierto que, en el caso de la carne, hay factores que hoy explican la subida, como la menor disponibilidad de hacienda y el retraso que hubo a lo largo del año pasado frente a la inflación, ya que evolucionaba por debajo de los índices oficiales.
Sin embargo, también aparecen otros aspectos, vinculados a la tasa de ganancia que, según comentó un analista local, muchos se niegan a resignar, aprovechando posiciones oligopólicas, es decir, de concentración en pocas manos del mercado.
Frente a este panorama, habrá que ver qué eficacia tiene una medida como la que está en estudio, en la que supuestamente llegaría asado brasileño con posibilidades de venderse a 10.000 pesos por kilo. Puede que haya que adaptar el paladar, porque el ganado de aquel país tiene otras características. Si la carne proviene del cebú, será mucho más fibrosa que la carne de vaca.
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Dicho de otro modo, la carne será un poco más dura. A lo mejor, antes de ese paradójico camino, se ‘ablanda’ un poco la tasa de rentabilidad de los supermercados de la región.